El Dr. Daniel Segura, investigador del Instituto de Biotecnología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), compartió los avances de su investigación en biopolímeros, que pueden sustituir los plásticos sintéticos y ser mucho más amigables con el medio ambiente.

Fotografía: colaborador.
Tras la pandemia por Covid-19, el consumo de plásticos sintéticos, provenientes de la industria petroquímica, se incrementó un 15 por ciento a nivel mundial. El uso de mascarillas, guantes y productos comercializados por internet fueron clave en este aumento.
“Estos plásticos son tan resistentes y duraderos, que se acumulan en el ambiente y como son muy baratos, los desechamos y van a dar al mar, a todos lados”, explicó el Dr. Daniel Segura, investigador titular del Instituto de Biotecnología (IBT) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), añadiendo que dicha acumulación se produce en grandes cantidades, “porque son muy resistentes. No se degradan. Y cuando decimos que se degradan, en realidad, muchas veces lo que ocurre es que se fragmentan en microplásticos, que generan otros problemas ambientales y hasta de salud”.
Una problemática a nivel planetario, de la cual este científico mexicano conoce bastante, pues se ha especializado en una innovadora alternativa para sustituirlos por una opción bastante más amigable con el medio ambiente: los biopolímeros. Una valiosa experiencia que compartió con docentes, estudiantes, investigadoras e investigadores en una charla que dictó en el HUB Ambiental de la Universidad de Playa Ancha, en el marco del proyecto Fondecyt de Iniciación N°11230164, cuya investigadora responsable es la Dra. Viviana Urtuvia de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, que patrocinó su estadía en Chile.
Variadas aplicaciones
Los biopolímeros pueden degradarse por la acción de microorganismos que están en el ambiente, como Azotobacter, un grupo de bacterias presentes en el suelo, que no solo son inocuas, sino que además, son capaces de producir un biopolímero denominado “polihidroxibutirato” (PHB), que es 100 por ciento biodegradable y biocompatible.
¿Cómo ocurre esto? Lo almacenan como fuente de carbono y energía y, en condiciones de ausencia de nutrientes, lo degradan para su mantenimiento.

Fotografía colaborador.
En lo concerniente a sus usos, estos biopolímeros tienen tantos como los que tienen los derivados del petróleo, como la fabricación de bolsas plásticas, envases, ropa y otros. Sin embargo, el Dr. Segura enfatizó que los atributos de los biopolímeros van más allá, pues “además de ser biodegradables, son biocompatibles y eso qué quiere decir, que pueden estar en contacto con el cuerpo humano, incluso en el interior de él y no generan reacciones negativas, entonces se pueden usar para dispositivos médicos”. Aplicaciones en esta área específica han propiciado, por ejemplo, la fabricación de válvulas cardiacas, órganos artificiales o soportes para el crecimiento de tejidos.
Contemplando estas ventajas, los desafíos en este campo son, principalmente, económicos. Como explicó el Dr. Segura en la charla dictada en el HUB Ambiental UPLA, junto a su equipo en la UNAM han tenido significativos avances, mejorando la resistencia de estos biopolímeros y optimizando los recursos invertidos en su obtención.
“Esto se produce en reactores grandes, como los que, por ejemplo, se utilizarían para producir cerveza, fermentadores en donde se multiplican las bacterias a gran velocidad. Estas, en su interior, producen este plástico biológico y luego, después de haberlas dejado que se multipliquen, las podemos separar del medio de cultivo en el que crecen y luego ya, de ahí, obtener el plástico”, dijo el Dr. Segura sobre el proceso, acotando que la dificultad central es que este proceso “tiene costos mayores que producir los plásticos de la petroquímica. Entonces, el trabajo que hacemos es mejorar la producción, que al final puede repercutir en que sea más barato producirlos y que sean de un uso más amplio”.


