
Fotografía: Alvaro Lecourt. fauna_silvestre_chile
Lluvias intensas con desbordes de ríos, altas temperaturas acompañadas de voraces incendios forestales, aumento del nivel del mar con marejadas y destrucción de bordes costeros y prolongadas sequías generando degradación en las cuencas; son algunos de los fenómenos climáticos anormales que se han registrado en Chile en los últimos años.
La lucha mundial para enfrentar el efecto invernadero producto del sobrecalentamiento del planeta generó el Acuerdo de París suscrito por Chile lo cual conllevó a la dictación de la Ley de Cambio Climático N°21.455 a nivel local.
Hoy, sectores económicos y políticos levantan la voz rechazando la existencia de este fenómeno climático, a raíz de la amenaza que significa a sus proyectos económicos y empresariales.
No obstante, los fenómenos climáticos y sus efectos; son de público conocimiento y en los próximos años se intensificarán bruscamente generando graves consecuencia en el mundo entero que se reflejaran en crisis alimentaria y fenómeno de migraciones ante lo cual Chile no es ajeno.
Ante dicho escenario, se requiere la capacidad de un Estado moderno para prevenir riesgos naturales y con un rol activo en la elaboración de políticas públicas. La Ley de Cambio Climático contempla la implementación de reglamentos en materia medio ambiental con el propósito de mejorar los estándares de calidad en los procesos económicos y productivos que tendrán adaptarse a las directrices a desarrollar en un mundo afectado por una crisis ambiental.
Lo sucedido con el Edificio Kandinsky, emplazado en un Santuario de la Naturaleza de las dunas de Reñaca- Con Con en la Quinta Región, es uno de los ejemplos claros y evidentes de lo que no se debe permitir como Estado y Sociedad, es decir, cuando colisionan dos derechos fundamentales; propiedad y naturaleza.
Para estar a la altura del crecimiento económico se deberá adecuar a las exigencias medioambientales a pesar de las frases medievales de la inquisición que hablan sobre falta de incentivos, más trabas, paralización de actividades económicas y menos fuentes laborales.
El desarrollo debe ir de la mano con el medio ambiente. No son enemigos como se ha venido sosteniendo desde una mirada mezquina, destructora y de corto plazo. La calidad de vida y medioambiente generará sociedades sanas y sustentables al correr de las generaciones. En cambio, la degradación del ecosistema generará una sociedad enferma y con menos productividad para lo amantes de la economía.
Hoy es el momento de generar reglamentos fiscalizadores y sancionatorios. Así como también de incentivos medioambientales a proyectos productivos y económicos, como una especie de símil al derecho urbanístico con las normas dictadas en los últimos años.
Las experiencias de la Ley N°20.958 que establece un sistema de aportes al Espacio Público, Política Nacional de Ordenamiento Territorial y Propuestas para la regeneración urbanas de las ciudades chilenas elaborado por el Consejo Nacional de Desarrollo Urbano son ideas recientes que permitirán ordenar los territorios desde una mirada sustentable y cada vez menos destructora con el propósito esperanzador de no repetir casos como el edificio que infortunadamente lleva el nombre del pintor Kandinsky, que contradictoriamente promovía la armonía emocional y su arte evocaba la vida misma.


