De acuerdo, a la Dirección General de Meteorología, la Región Metropolitana registra un déficit de un -42,5%. El Instituto de Recursos Mundiales clasificó a Chile como uno de los países con mayor estrés hídrico del mundo y advirtió que corre el riesgo de quedarse sin suministro de agua para el año 2040.
Tras un 2024 excepcionalmente lluvioso, Chile vuelve a evidenciar la magnitud de la crisis hídrica que arrastra desde hace más de 15 años. Según la Dirección General de Meteorología, en lo que va del año, la Región Metropolitana acumula apenas 164,7 milímetros de precipitaciones, equivalentes al 57,5% de lo normal y muy por debajo de los 395 mm registrados en 2024.
La disminución de lluvias se refleja directamente en la disponibilidad de agua almacenada. Cifras del Ministerio de Obras Públicas indican que los embalses nacionales contienen actualmente 4.900 millones de metros cúbicos, un 18% menos que en agosto del año pasado.
La Región de Coquimbo es la más afectada: embalses estratégicos como Puclaro, La Paloma y Cogotí se encuentran bajo el 20% de su capacidad, en un contexto de menor acumulación nival respecto a 2024. Este déficit ha obligado a la Dirección General de Aguas a dictar cinco decretos de escasez hídrica durante 2025, afectando a 25 comunas y a más de 1,1 millones de personas.

Fotografía: Greenpeace.
“Podría parecer un año normal en cifras globales, pero las precipitaciones se están concentrando en episodios muy intensos y espaciados. Eso hace que el agua escurra con rapidez en lugar de infiltrarse y recargar las napas subterráneas. El gran riesgo es que como ciudadanos tengamos la impresión de abundancia, que pensemos que el agua sobra y bajemos la guardia en su cuidado. Ese relajo es la principal amenaza: olvidar que seguimos en crisis, dejar de luchar por los derechos de agua y pensar que ya no es necesario defender ni proteger este recurso, cuando en realidad sigue siendo limitado y vulnerable”, explica el meteorólogo chileno Alejandro Sepúlveda.
Coincide con este diagnóstico, Silvana Espinosa, geógrafa y experta en Clima y ecosistemas de Greenpeace Chile, quien además reflexiona sobre el reporte del Instituto de Recursos Mundiales que situó a Chile en el puesto 16 de los países con mayor estrés hídrico, siendo el único de la región dentro de esos rangos, advirtiendo además que podría quedarse sin suministro de agua potable para 2050. “El retroceso de los glaciares va a un ritmo acelerado, en la zona central del país algunos glaciares han disminuido su extensión en más de un 50% en las últimas décadas, junto con la reducción en las precipitaciones y el deterioro de la cobertura vegetal, están afectando la disponibilidad de agua a largo plazo. La crisis hídrica no solo compromete el acceso al agua potable, sino que también impacta en la salud de la biodiversidad”, comenta la experta.

Fotografía: Greenpeace.
GOBERNANZA; EL ESLABÓN MÁS DÉBIL
La comunidad científica advierte que la falta de precipitaciones no explica por sí sola la magnitud de la crisis. El Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2), en su Informe de Seguridad Hídrica, identifica como factores críticos la deficiente gobernanza, la sobreexplotación de acuíferos y la contaminación de las fuentes de agua. En la misma línea, Fundación Chile estima que al menos un 44% de los problemas hídricos del país se originan en falencias de gestión institucional antes que en causas climáticas, debido a la falta de coordinación, la baja fiscalización y la presión creciente sobre las cuencas.

Fotografía: Greenpeace.
CONCENTRACIÓN Y CONFLICTOS
Si bien el cambio climático y la variabilidad meteorológica inciden en el escenario, expertos coinciden en que la crisis hídrica chilena tiene un carácter estructural. Investigaciones académicas muestran que el 1% de los titulares de derechos de agua concentra cerca del 80% del volumen disponible, principalmente en manos de grandes agroindustrias y empresas mineras.
La reciente sanción de la Dirección General de Aguas a Anglo American es un caso ilustrativo: la empresa fue multada con 168 millones de pesos por extracciones no autorizadas en el estero Riecillos, cuyas aguas fueron desviadas para las operaciones de la mina Los Bronces, afectando directamente a más de 5.000 usuarios del río Aconcagua en el sector de Quillota.
“Este caso confirma el carácter estructural de la crisis hídrica en Chile, que ha dejado de ser coyuntural para convertirse en un problema permanente agravado por un modelo de gestión inequitativo. No bastan decretos temporales de escasez: se requiere una transformación profunda y una gobernanza que reconozca el agua como derecho humano y bien común, garantizando equidad, sustentabilidad ecosistémica y justicia social en su distribución y uso”, puntualiza la vocera de Greenpeace Chile.


