Débil regulación de la actividad está generando profundo deterioro ambiental difícil de cuantificar.
Plásticos de tubos, jaulas salmoneras, pontones de centros abandonados hundidos en el fondo marino. Sacos de comida de los pellets en islas en medio de los bosques nativos y hundidos en el fondo marino. Y redes abandonadas en el mar que navegan transportados por los vientos y corrientes, es el grave escenario ecológico que está afectando a las costas del mar austral de Chile por la salmonicultura.
Así lo dan a conocer, los diversos estudios de especialistas de GREENPEACE que se encuentran navegando estas semanas en la Patagonia chilena en el “Witness”, el barco más nuevo y ecológico.
La campaña denominada “No más salmoneras”, impulsada por Greenpeace busca sensibilizar sobre la crisis ambiental que está generando la salmonicultura en el sur austral de Chile lo cual está contribuyendo a los efectos nocivos del cambio climático.

Silvana Espinosa, geógrafa de Greenpeace señala que “Las distintas crisis ambientales que ha vivido Chile han evidenciado y demostrado cómo la salmonicultura destruye el medio ambiente de manera muy agresiva. Algunos ejemplos de estos son; la contaminación de las aguas por la constante incorporación de nutrientes al medio, proveniente de la alimentación que se le entrega a los salmones (especie exótica en Chile), favorecer el potencial desarrollo de floraciones algales nocivas (marea roja), la pérdida de biodiversidad por la depredación que ejercen los salmones por los escapes masivos de sus jaulas de cultivo y la transmisión de enfermedades, y la generación de condiciones anaeróbicas en el mar (pérdida de oxígeno lo que afecta a toda la biodiversidad), entre otras.
«Estas situaciones son muy lamentables porque muchos de estos daños pueden tardar décadas en ser reparados e incluso pueden ser irreversibles”.
Silvana Espinoza- Greenpeace.Los estudios de la organización internacional advierten sobre el daño que se está generando en las costas chilenas es difícil de cuantificar. “Considerando la actual crisis climática, la salmonicultura suma más presiones aún a los espacios donde se desarrolla, destruyendo las condiciones naturales de los mares patagónicos y amenazando, por tanto, el desarrollo de la biodiversidad existente”.

FALSEDAD EN INFORMES AMBIENTALES.
GREENPEACE patrocina diversas denuncias, acciones administrativas y causas judiciales frente a agentes contaminantes. En la actualidad, son más de 20 acciones legales en curso, las cuales han sido trabajadas con el apoyo y/o en conjunto con comunidades locales y comunidades indígenas. Además, de las ONG AIDA y FIMA en varias de estas acciones. Uno de los tantos casos emblemáticos de Empresas que destruyen los ecosistemas, corresponde a la Empresa de Capitales noruegos “Nova Austral”, lo cual generó la intervención de la Superintendencia de Medio Ambiente (SMA) la cual revocó la Resolución de Calificación Ambiental en algunos de sus centros.
“Lo más grave es el ocultamiento de información sobre las mortalidades de salmones, la alteración ilegal del fondo marino para esconder sus Impactos en éste y la obtención de ganancias ilícitas por más de 3.000 millones de pesos con sobreproducciones de salmones que generaron daños ambientales en el ecosistema marino. El propio Consejo de Defensa del Estado presentó una querella por fraude al Fisco. Otro caso corresponde a la Empresa Australis Mar, de capitales chinos, donde también se genera una sobreproducción de salmones lo cual connllevó a la propia Empresa reconocer públicamente la existencia de mecanismos institucionalizados en su interior, para mentir y vulnerar la legislación chilena. Hoy, los nuevos dueños de Australis Mar han anunciado acciones legales contra los anteriores dueños de la empresa por todas estas Irregularidades”, cuenta Espinosa, profesional de Greenpeace.

ESCASA REGULACIÓN AMBIENTAL.
La escasa y débil legislación ambiental en Chile ha permitido el desarrollo de un escenario ideal para el desarrollo de las salmoneras. En cambio en los países desarrollados, existe un mayor control respecto a las malas prácticas ambientales y una mayor supervisión.
“Desde el año 2005, en la legislación ambiental en Noruega existe la obligación de instalar un sistema de gestión para monitorear la capacidad de carga donde están ubicados los centros de cultivo, y con ello se ajustan los impactos ambientales locales de cada concesión, respecto a estándares de calidad ambiental. En Chile las autoridades reciben de las empresas una declaración sobre los impactos que presenta un proyecto de cultivo y su producción, y la gran mayoría de ellos no se someten ni siquiera a estudios de impacto ambiental. Si bien existe un monitoreo de algunos parámetros ambientales a través de los INFAS (Informes Ambientales), fue el propio SERNAPESCA que en un informe de septiembre de 2020, reconoció que la única Empresa adjudicataria para realizar INFAS a los centros de salmonicultura de la Regiones de Los Lagos y Magallanes, había colaborado con una empresa para alterar el fondo marino y entregar información falsa. Esto genera serias dudas respecto de la veracidad de la información de dichos monitoreos”, precisan los estudios de Greenpeace.
“La Superintendencia del Medio Ambiente logró demostrar el daño y destrucción del fondo marino dentro del Parque Nacional Alberto de Agostini, en la Región de Magallanes. Es preocupante saber que hoy existen muy pocos estudios liderados por el Estado, para estudiar los impactos que está dejando la industria y que además, existe una muy baja capacidad de fiscalización”.
Silvana Espinoza, Greenpeace.
Un antecedente más que desgarrador tiene relación con el uso de antibióticos en la actividad. “Una Empresa en un año utiliza 300 veces más antibióticos en Chile, de lo que utiliza esa misma empresa en Noruega”, según constan los reportes de Greenpeace.

CONCESIONES EN AREAS DE ALTO VALOR AMBIENTAL
Los estudios de la ONG indican que actualmente, en Chile existen más de 450 concesiones para el cultivo del salmón aprobadas en áreas con alguna categoría de protección ambiental. En la Reserva Nacional Kawésqar, en la Región de Magallanes, una de las áreas que “Witness” se encuentra navegando estas semanas, existe un total de 68 concesiones aprobadas y otras 57 en trámite. “Estamos exigiendo no sean otorgadas”, puntualizan los activistas ambientales.


